El fuego ceso después de un rato, recuerdo, parecía como si las miradas de los copuchentos - me incluyo - lo avergonzaran, a ese tan poderoso elemento del que todas las bestias huyen y que en ese momento como niño retado se encorvaba para luego desaparecer.
La gente empezó a murmurar, el motivo era el aparente vació dentro de los autos chocados. Como a mi lado no había nadie, nadie me comento nada. Como por inercia me volteé a ver si yo le comentaba algo a alguien y solo vi a unos metros a aquel hombre de indescifrable mirada que se asomaba para ver el numero de la micro que había aparecido en el horizonte. Estaba imperturbable ante la reciente colisión o eso parecía y por la misma razón su ausente presencia me llamo más la atención que el accidente. Me quede mirándolo hasta que la micro se detuvo y él se subió, sin antes voltearse y mirarme con una mirada amable que pareció decirme que era cociente de mi presencia.
Los murmullos subieron de volumen cuando alguien noto que a una cuadra por donde venia el auto en llamas intentaba ponerse de pie un hombre maltrecho, con la piel quemada. Los bomberos y carabineros llegaron a la zona y más que suposiciones al vuelo no se sacaron más conclusiones hasta las que pude ver en las noticias a la noche y que se limitaron a decir que un hombre en aparente estado de ebriedad salto de su auto al perder el control y este se estrello contra otro estacionado. Todo parecía calzar, salvo el olor a fuego que sentí previamente al choque.
Ahora bien lo extraño es que hoy toco mi puerta el hombre imperturbable.
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