Habían pasado cerca de tres años de aquel día y más que una anécdota que me acompaño unas semanas, no paso a ser nada especial en mi vida, pero ahora sin previo aviso ese hombre golpeaba mi puerta.
Lo atendí primero sin recordarlo, me pidió un vaso de agua, hacia calor y pese a su calma - la misma que me llamo la atención la primera vez - parecía agitado y su cabeza rapada (o no), se marcaba por lineas de sudor que parecían marcar directrices. Me esperó en la puerta mientras iba a buscar un vaso con agua. Mientras hacia esto recién sentí que el hombre me era cara conocida, volví frente a él y pasandole el vaso le pregunte de donde lo conocía. Bebió tranquilamente de un solo sorbo y mientras lo hacia sus ojos me miraban como queriendo adelantarse a su respuesta o quizás solo dándome a entender que me ponía atención mientras saciaba su sed. Cuando hubo acabado yo ya me sentía incomodo por el largo momento de estar de pie frente a él sin nada que hacer más que esperar su respuesta, me paso el vaso y dijo: "No se si me conoce, pero tenía mucha sed." Y tras estas palabras guardo silencio y me sonrió, después como recordando que no lo había dicho agrego: "Gracias". Luego permaneció de pie sin continuar su conversación y aparentemente sin intensiones de irse de inmediato como hubiese sido lo lógico tras saciar su necesidad. Contemplaba el marco de la puerta como si se tratase de una contemplación lúdica en una tarde de paseo. Le pregunté si necesitaba algo más y respondió que no. Siguió parado, mirando, tranquilo, sin ese sentido común que suele hacernos actuar similar entre pares, hasta que un gesto producto de mi incomodidad le pareció muy evidente y - nuevamente como recordando - posó su mano izquierda sobre mi hombro derecho y me dijo: "Lo dejo tranquilo", sonrió y caminó hacia la escalera desapareciendo en la curva; sin embargo tenia, obviamente, mucha curiosidad y esperé a que apareciera fuera del edificio. Me asome a mirar hacia abajo y cuando finalmente apareció se acercaba una micro por la calle del frente, corrió a hacerla parar y cuando estuvo a punto de subir, se volteo como sabiendo que yo lo miraba y me miró y fue entonces cuando recordé quien era, pues fue el mismo gesto de aquel día.
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